When your brain is Game Over. An Erasmus' life.

martes, 18 de octubre de 2011

15-O. Bruselas.

Sábado 15 de octubre, 14:00, en la estación Noth de Bruselas, lugar al que fui únicamente por la manifestación. Aunque digamos que ahora tengo una cita obligada para dedicarme a ver la ciudad.

Me sorprendió ver tanta gente de nacionalidad española allí, aunque en el fondo esperaba más apoyo, por eso de la ciudad en la que estábamos. Lo que realmente me dejó sin palabras es ver a todos aquellos indignados del 15-M, que por la causa decidieron llegar andando y allí estaban, en Bruselas, en la que se podría decir que era su manifestación. Después de tanto caminar, ¿quién dice que aquél no era su día? Yo no podría decir lo contrario. Después de dos meses y medio yendo a pie, se podría decir que me siento orgullosa de que por fin algo se esté llevando tan lejos. Empezó por como se la conoce, una ‘Spanish Revolution’, pero ya no lo es, el movimiento 15-M se ha convertido en un fenómeno mundial. Alguien ya me dijo una vez ¿y conseguís algo con esto? Puede que no, pero si no se hace tampoco lo sabremos, pero sólo el hecho de que el ser humano decida convertirse en una sola voz y reclamar, ya es un triunfo. Cada día somos más y cada día son más los que abren sus ojos y ven la realidad. Puede que no cambiemos el mundo con manifestaciones pacíficas, pero esto ya es hacer algo a favor del pueblo y no al favor del sistema. Quizás ésta no sea la manera, pero es la única forma de hacernos notar. Posiblemente seamos egoístas por reclamar nuestros derechos, cuando en el planeta hay personas que ni saben que los tienen. Son a ellos a los que realmente hay que ayudar, ¿pero cómo ayudas a alguien si tú mismo necesitas ayuda? ¿Cómo reclamas los derechos de los demás si ya ni siquiera puedes ejercer los tuyos con libertad? ¿Cómo ayudas a mejorar el planeta si los que de verdad pueden hacerlo sólo se preocupan de hacer lo contrario? ¿Cómo puedes saber la verdad sobre todo esto si se oculta y se manipula? Yo no pienso seguir siendo un títere de un sistema manipulado al que se le pueda arrancar la cabeza y si para ello tengo que caminar durante horas por las calles de cualquier ciudad, lo haré. Aun así, he de reconocer que durante aquella marcha, muchos fueron los que se acercaron a preguntar el motivo de nuestra manifestación. Realmente me sorprende la inopia mental en la que viven muchas personas. Igual es que realmente todo esto es un movimiento tan español que las fronteras que traspasa no son suficientes.

Tomamos las calles de la ciudad al grito de ‘NOUS SOMMES LES INDIGNÉS’, caminando sin prisa mientras oías a la gente gritar en varios idiomas, para mí el más legible de todos, el español, obviamente. Fueron muchos los eslóganes que se cantaron, algunos tan conocidos como ‘El pueblo unido jamás será vencido’ y otros los cuales no recuerdo muy bien, como:

‘De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste.’

‘Los españoles tenemos un deseo, que nuestros derechos no valgan dinero. Dinero por aquí, dinero por allá, dinero para adelante y dinero para atrás.’

‘Un banquero se balanceaba sobre una burbuja inmobiliaria y como veían que no se caían fueron a llamar a otro banquero’…

‘Que no, que no, que no nos representan.’

‘A, anti, anticapitalista’

También se gritó culpable en cada puerta de cada banco o de cada caja mientras algunos se tumbaban en el suelo para que dibujaran sus siluetas a modo de cadáveres. Hacían una X con cinta adhesiva en las puertas y en los cajeros, y escribían en las paredes con tiza, lo mismo que gritaban. Se hicieron sentadas por momentos, unos payasos hicieron que cada coche al que le cortamos el camino apagara el motor. Cada persona vestía de una manera, cada uno representaba lo que pedía. Se unieron personas reclamando igualdad para las mujeres y muchos homosexuales reclamando por sus derechos. Había momentos en los que ya no sabías el motivo real de la manifestación, pero realmente no importa, al fin y al cabo, todos son indignados. Había personas de todas las edades, desde niños pequeños con sus padres, hasta abuelos que aunque no caminaran con nosotros, estaban allí con algún cartel, apoyándonos. Fue realmente gratificante ver que las personas que se comprometen, no son todas unos perroflautas como dice y cree todo el mundo y que el ambiente pacifista característico hizo acto de presencia casi todo el tiempo. Pero como suele pasar, en toda manifestación ocurren cosas que no deberían. Por muy pacífica que sean nuestras intenciones, siempre hay alguien que hace lo justo y necesario para que luego en los medios de comunicación lo usen como arma en nuestra contra.

Hubo un momento de la marcha en la que se realizó una parada, en la Finance Tower, en la que se realizaron pintadas con spray y pintura y lugar al que les fueron arrancadas dos de las letras de la palabra Finance, las cuales estaban fijas en la pared. Estas son las cosas que se deberían evitar, ya que solo dan motivos de represalias, aunque no fueron altercados graves, claro está. De todas formas, creo que no es ese el camino, no es la forma más correcta. ¿No se han recibido ya suficientes golpes como para saberlo? Pero bueno, es como me dijo un gran amigo, esa es la excepción, pero lo importante es la norma. Y como tal, la norma fue más que cumplida.

Ahora sólo queda seguir con la lucha.


Noticias. Bruselas 15-O

















Foto: Daniel Pulgarín Becerra










martes, 11 de octubre de 2011

Un mes, como quien no quiere la cosa.

Recuerdo el día de mi viaje como algo muy lejano y realmente sólo ha pasado un mes, pero me ha parecido una vida. Aun así, todavía se me viene a la mente cosas como cuando el primer sábado que salí de fiesta. Aquí tampoco hay mucho donde elegir, o te vas de bares en plan ‘tranqui’ o te vas a Le Carré, cuatro calles del centro en el que sólo hay bares y bares, borrachos y más borrachos. Cuando estás allí lo que se estila es beber en la calle, pero no haciendo botellón, si no que te pides una cerveza, te vas fuera del bar con el vaso y recargas comprando latas de cerveza en algún moro (lo que nosotros conocemos como chinos). Pues ese día, después de estar por el centro me fui a dormir a casa de Elena, otra chica Erasmus. Me estuve riendo muchísimo con ella, sobre todo cuando estábamos ya acostadas y me dijo: ‘es que no me duermo porque no te callas’. Yo, acto seguido, me callé, lo siguiente que recuerdo es a Elena encendiendo una vela y haciendo sombras con las manos en el techo. Y luego si ella no duerme es culpa mía. No me pude reír más.

O como el día aquel, a principio de mes, que venía a Lieja un amigo, Nacho, me dio por ir a recogerlo y si ahora lo pienso detenidamente, no lo hago. Fui yo, poco alegre a coger el bus que me llevaba al aeropuerto de la ciudad. Después de preguntar a varias personas y que cada uno me dijera una cosa diferente, opte por no hacerles caso y preguntar al autobusero si iba o no al aeropuerto. Si no, posiblemente hubiera acabado en yo qué sé dónde. Al final, un conductor me dijo que sí, que él iba para allí y le pedí por favor que me dijera cuando tenía que bajarme porque no lo sabía. Ciertamente y como le pedí al hombre, me dijo: ‘esta es tu parada, el aeropuerto está subiendo esa calle que tienes a mano izquierda’. A día de hoy me lo encuentro y la ostia que le doy es chica. Yo no sé qué entiende ese hombre por aeropuerto, pero aquello no lo era. Cuando terminé de caminar por aquella calle me encontré en medio de una base o algo, al que para llegar tenía que cruzar a través de un campo y encima lloviendo. Pero como ya tampoco tenía mucho que perder decidí ir y preguntar en una cabina qué era aquello y dónde estaba el aeropuerto. El hombre me dijo que aquello era sólo para pilotos y que el aeropuerto estaba cruzando más campo aún y mucho más lejos de dónde yo estaba. En definitiva, estaba en yo qué sé dónde, lugar al que todo el mundo parecía que quería enviarme. Realmente estaba en medio de la nada y tuve que esperar casi una hora para que pasara un bus de vuelta. Me entretuve mientras tanto en mirar vacas que había por el monte. Fue sin duda, una tarde muy productiva, en la que por aburrimiento acabé cantando por Pocahontas, pero Pocahontas la primera película, no las demás, que esas ya no las he visto, era ya más ‘adulta’ como para verlas. Aunque teniendo en cuenta, la situación en la que estaba en ese momento, la palabra ‘adulta’ se convierte en algo efímero y sin sentido.

Sin embargo, lo que si tengo aún bien fresco, es el recuerdo de mi primer día de clase, en el que conocí a Kenny, un chico español que vive aquí desde siempre y a Aaricia, una chica que estuvo de Erasmus el curso pasado en España. Fue un día raro y complicado, como todos los días de las dos primeras semanas. Sin embargo ahora, y aunque no domino el idioma, y tenga un cacao mental al hablar porque mezclo el francés, con el español y el inglés, estoy muy cómoda sabiendo que tengo buenos amigos en clase. Puede que no hable mucho con ellos, por eso de mi hándicap, pero nos reímos constantemente cuando hacemos imitaciones de animales, cuando les hago preguntas comprometidas o cuando les enseño a insultar en español. Últimamente lo que más se escucha en clase es bocachanclas y chupapollas. Es una buena clase, todos se llevan bien y todos están, como dice Stefano, otro coleguita que estudia conmigo, completamente locos.

Pero yo creo que, lo que más me ha gustado de todo este mes, sin contar con la visita de mis amigos, es saber que al llegar aquí he encontrado no sólo mucha gente con la que estar y gente en la que de verdad confiar, si no alguien que me ha otorgado la etiqueta de prima a las dos semanas de conocerme. Llegar a un país desconocido y sola y encontrarte con un primo no tiene precio, para todo lo demás Mastercard (la NX de Caixanova, para ser más exactos).

miércoles, 5 de octubre de 2011

La primera visita.

Y después de una semana, ha vuelto el mal tiempo a la ciudad. De nuevo hace frío y el cielo nublado hace que parezca que está a punto de llover constantemente. No me acostumbro a este mal tiempo, un día sol y otro no. Y yo ahora me siento así, el tiempo me acompaña. Es agradable caminar por aquí haciendo calor, pero más aún cuando vas con tus amigos al lado. La semana pasada, esa que hizo tan buen tiempo, que podías tomar el sol en algún parque, la pasé con mis amigos de siempre. Vinieron algunos a verme, de hecho planearon el viaje poco después de que yo comprara mi billete destino Bruselas. No han querido perder el tiempo. Soy la mejor excusa para viajar. Pero ha sido muy agradable volver a escuchar las tonterías de siempre y alguna que otra cosa nueva. Lo malo de todo es que no sólo se han ido, bueno…prefiero no escucharlos roncar porque no me dejan dormir, pero si es cierto que me hubiera gustado ir con ellos a Amberes y Amsterdam, pero no pudo ser.

Sin embargo, los días que estuvieron aquí ocurrieron anécdotas dignas de recordar. Una de ellas fue el episodio de la araña. Un mañana al salir del piso, uno de los muchachos decidió fotografiar una araña. Algo un tanto raro, pero es que las arañas de aquí son enormes. No encontrarás una cucaracha, pero arañas, todas las quieras. Yo me las he llegado a encontrar incluso en el autobús, que como dice Xabier (un compañero de la escuela) ellas allí hacen su trabajo y si te sientas cerca de la telaraña se quitan el sombreo y te saludan diciendo ‘Señora’. Ellas son las responsables de que en los autobuses ponga que están libres de mosquitos. Bueno, la cosa es que, cuando mi amigo decidió hacer la foto, quiso hacerla a una que estaba en casa de un vecino, pero estaba en la acera en realidad. La cuestión es que, en ese momento, el dueño de la enorme vivienda apareció y empezó a decir que qué hacíamos tomando fotos de su casa, que iba a llamar a la policía. Estaba fuera de sus casillas, no atendía a nada, intentábamos hablar con él, pero no escuchaba. Viendo el panorama decidí buscar a mi casero, para que nos ayudara. Yo ya me imaginaba aquello llenos de policías y pidiéndonos la documentación, la cual uno de mis amigos, para más inri, no llevaba. Es que sólo a él se le ocurre ir por las calles de un país extranjero sin DNI. Cuando volví al lugar de los acontecimientos, nos encontramos con un negro que era un armario de dos puertas. Era enorme. Pero no era ningún policía. El vecino, se asustó tanto por lo de la foto que paró a un vecino que iba conduciendo para que estuviera con él. Ya en ese momento mis amigos pudieron explicar que no habían hecho una foto de la casa si no de la araña, pero claro, después de que éste les pidiera la documentación y los sometiera a un interrogatorio del motivo de su estancia en Lieja. Cuando ya el vecino supo que era lo que habíamos hecho llamó a la policía para decir que no fueran, que éramos estudiantes erasmus que habíamos fotografiado una araña. Lo que yo no me explico es cómo el hombre no fue capaz de razonar un poco antes de llamar a la policía, porque en realidad se le enseñó la foto y viendo cómo se ponía, se borró. Lo que le ocurrió es que se asustó mucho porque al parecer, es bastante normal que te roben y pensó que hacíamos fotos para eso. Claro no tengo yo nada mejor que hacer que fotos a una casa a la que pretendo robar a plena luz del día con todo el vecindario mirando. Lo gracioso es que la casa no se veía en la foto. Pero vamos, que nuestra cara de póker fue impresionante y la situación aquella, cuanto menos desconcertante.

Una broma que les hice a todos y en la que cayeron como moscas en una telaraña, fue decir que para ir a mi piso, aparte de tener que coger un bus, había que caminar después unos veinte minutos y cruzar por un campo de un particular. Lo malo era que, como es de un particular tenían perros peligrosos y que a veces estaban sueltos y que si pasaba nos tocaba correr como si no hubiese mañana. Que yo lo sabía porque ya me había tocado correr, a veces por eso y otras por simple miedo al escucharlos ladrar. Hubo quién con eso, se estuvo riendo, pero con una risa un poco frenética y hubo quién se negó a querer cruzar el campo, por lo que entonces tendríamos que caminar cuarenta minutos. El ver que cuando yo llegaba a casa, abría la puerta y ellos seguían andando, no tiene precio.

Y tampoco pasaron muchas más cosas. Salimos por el centro y tuvimos que esperar siempre al primer autobús del día, vamos al de las cinco de la mañana. Comimos fuera, como la noche que cenamos en un kebab y vimos a un borracho comiendo de tal forma que te daban ganas de vomitar. Nos encontramos con varios yonkis, locos que hablan solos en las paradas y por supuesto nos encontramos con la puerta de la catedral abierta. Cosa que no pasa habitualmente, o eso creía yo, porque nunca la vi abierta y en esa semana entré como cuatro veces. Y si acaso destacar el momento Ana. En un autobús lleno de gente hasta casi no caber en él, no se le ocurre otra cosa que no agarrarse, se cayó la  maleta y ella detrás. Lo siguiente que recuerdo es a alguien diciendo ‘Ana agárrate fuerte que vienen curvas y Ana se lo comió todo’.

Pero lo que sí voy a recordar y sé que no me olvidaré es de que estuvieron aquí y del dibujo que me dejaron. 

lunes, 26 de septiembre de 2011

Primer viaje: Maastricht, Holanda.

Es curioso que las primeras fotos que he tomado con mi cámara han sido de una ciudad y un país diferente del que estoy viviendo. Supongo que algún día haré fotos de Lieja…algún día.

Maasctricht, ciudad holandesa, a la que se tarda en llegar 15 ó 20 minutos en tren. Cruzas la frontera y no te percatas de ello, como cuando vives cerca de Portugal. Es una ciudad bonita, pero vamos a ser sinceros, no fui exclusivamente a verla. Es conocida por sus famosos Coffeeshop y porque todo el mundo va allí ‘a bajarse el moro’ como diríamos nosotros. Es, sin duda, una ciudad muy diferente a Lieja. Es más alegre, pero también hay que decir que hacía muy buen tiempo, seguramente en ese momento el centro de Lieja estaría lleno de gente. Además que todos los fines de semana hay algo que hacer, cuando no es un festival, es un mercadillo y cuando no, descansar de una resaca.

De Maastricht no vi mucho, ni tampoco hay mucho que contar, si acaso, que el tren que nos llevó hasta allí parecía el Expreso de Hogwarts y que como suele pasar con estas cosas, iba lleno de españoles, sin duda, inconfundibles. Y cuando salimos de la estación nos encontramos con un carro de la compra lleno de comida gratis. Una tentación para cualquier español. Yo dije, que se me hacía raro que dieran comida así de tan buena gana. Efectivamente, tenía trampa, era comida  caducada de un par de días o que se caducaría pronto. Alguien lleno todo ese carro con comida que se encontró en dos papeleras. Era literalmente 'comida basura'. Cuando vinimos de vuelta, el carro estaba prácticamente vacío.

Después de aquello, caminamos por la ciudad y vimos algunas callejas y en una plaza vimos un grupo de personas que por alguna razón que aún desconozco bailaba allí. En mi vida había visto menos alegría bailando. Yo creo que a los holandeses le corre tinta por las venas en vez de sangre. Y al final acabamos en el Coffeeshop, en el que estuve bastante rato. Este concreto se trata de un barco al que le gente va a fumar. Llegas allí, compras lo que quieres y entras en el 'fumadero', te lías los porros y te pones allí a lo tuyo con los colegas y tan panchos, todos a fumar. Lo mejor, que es legal y lo peor que a partir de noviembre a los españoles se nos veta la entrada. Así que al menos yo puedo decir que fumé en aquel coffeeshop.


















lunes, 19 de septiembre de 2011

De ligues va la cosa.

En las casi dos semanas que llevo aquí me han pasado muchas cosas, pero como estas, ninguna. Todo empezó con el muchacho aquel que quiso ligar conmigo el mismo día que llegué, allí en la puerta del albergue. Desde aquel día la cosa no ha parado.

Todo esto se debe a la cantidad de moros (por generalizar) y de negros, entre los que arraso; no es por ir de guay ni nada, pero es cierto y está comprobado. Bueno, todos estos personajillos alegres se reúnen en un barrio, Outre-Meuse. Nosotros lo denominamos ‘El Gueto’, como el Bronx de New York. Bien pues este barrio me es muy conocido ya que, es donde está la escuela y donde siempre cojo el bus para volver a casa. Por supuesto, también es donde me deja, tanto para ir a clase como para ir a cualquier parte.

Siempre que estoy por ese barrio conozco a alguien nuevo, pero eso sí, siempre del sector masculino. Siempre hay alguno que me viene y me habla o me sigue cuando ve que paso del tema. Los hay que aunque les hable en español, insisten, como me pasó con el negro del puente. Pasó que yo iba hacia la parada, como no en Outre-Meuse, que está entre dos ríos, el río Mosa y el río Ourthe, por lo cual, he de cruzar una pasarela. Aquella noche me crucé con unos muchachos, ellos iban en sentido contrario. Uno decidió que hablarme era una buena opción, yo lo ignoré y él decidió que dar por saco era aún mejor opción. Yo le hablaba en español con la esperanza de que se fuera con los coleguitas y me dejara en paz, pero como no me entendía ni yo a él, el nota insistía. Me empecé a asustar un poco cuando vi que no se iba y me seguía. Y yo por señas le decía tú te vas para un lado y yo para el otro y él me decía que no, que se iba conmigo. Y así hasta que supongo que se cansó, porque solo le decía que no. Pero yo creo que si por él hubiera sido, me acompaña a la puerta de casa.

Hubo otro, que mientras yo iba a la parada me seguía y me hablaba y ya por desesperación me paré e intenté decirle que me dejara, que me iba. Perdí el autobús mientras le daba carpetazo. El tío se estuvo riendo hasta que llegó el siguiente autobús. Los hay también, que los fines de semana me ven por algún bar y me siguen, con toda la borrachera que llevan encima. Hubo uno que se me acercaba bailando, pero solo movía el culo, lo que se traduce a que se me acercaba de frente y dando como saltitos o algo así. Me persiguió por todo el bar. Que pesao’. Recuerdo también a un muchacho, al cual confundí con un español, porque lo veía así de lejos, menudo chasco me llevé cuando lo tuve de frente. Hablé con él, ya que estaba, y hablaba algo de español, no era mala gente, pero es que no me fio. Pensaba que no lo volvería a encontrar…soy una ilusa. Y menos mal que siempre que me piden un número de teléfono les digo que no tengo, mentira, a falta de uno tengo dos, el belga y el español. 

Pero creo que el que más gracia me ha hecho de todos, es un marroquí de unos 40 años. Me vio, me habló y yo lo ignoré. Como siempre pasa, me siguió, hasta la parada del bus y me habló. Le contesté en español y me dijo que hablaba inglés. Yo ya no sabía qué hacer, no tenía escapatoria, el autobús iba a tardar al menos 20 minutos. Decidí contestarle. Hablamos en inglés un rato y me decía que quería quedar y así yo aprendería francés y el español, que quiere aprender el idioma. Que si podía verme otro día, que me daba su número de teléfono, que le gustaba conocer gente especial como yo…He llegado a la conclusión de que no sólo me ven cara de guiri, si no que también cara de tonta. Que me quiere enseñar francés, si claro y yo me lo creo. Como dice Juanjo, otro chico Erasmus, este lo que quiere es enseñarme el Kebab, pero él y todos.

Creo que para la próxima vez que decida comprar algo, será un spray de pimenta.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Decepción.

Acabo de llegar a casa, con los pies calados por el agua y con un frio tremendo. He cogido el último autobús que había y estaba tan lleno de gente que las puertas no cerraban. Éstas tienen un hierro horizontal en el interior que forma parte del mecanismo de apertura y cierre, lo que hace que se pierda un hueco para que otra persona pueda entrar, en casos como este, claro. Pero como, no es así, he venido todo el trayecto, no sólo apretujada, si no que también clavándome el asqueroso hierro en la espalda. Realmente me ha hecho daño, mayormente porque cada vez que el bus frenaba era como si todo el peso de todo el mundo que había de pie se viniera para mí. Yo creo que no he llorado por vergüenza más que por otra cosa. Sinceramente creo, que en un mal frenazo podría haberme fracturado tranquilamente una vértebra.

Realmente, todo esto no me preocupa, al fin y al cabo es mi problema. Vivo lejos, lo que conlleva que o me voy pronto o muy tarde cada vez que salgo. Lo que si me deja fría de verdad es ver la poca hospitalidad de la gente, vamos hablando claro, la poca hospitalidad domiciliaria, por llamarlo de alguna manera. No sé, supongo que es mucho esperar que alguien sabiendo que vives lejos, que tienes prisa por llegar a la parada porque no quieres perder el último autobús y que está lloviendo, te invite a su casa a dormir. Es fácil para aquellos que viven por el centro o para aquellos que pueden quedarse en algún lugar, pero no para mí. Supongo que sí, es mucho esperar.

Yo creía que estaba todo resuelto y que no tendría problemas pero ya veo que no, no con la gente al menos. Ya no sólo es el hecho de lo triste que me parece que se haya creado un grupo tan fuerte de personas, las cuales llevas viendo todo el verano por diferentes redes sociales, que ahora pasen por tu lado y ni te miren a la cara o que intentes entablar conversación pero se cierran en banda y no aceptan a nadie más; si no que algo parecido a eso y que tanto odio, haya pasado a mi alrededor entre mi ‘propia gente’ haciéndome sentir como una verdadera extraña.

Supongo que debería haber hecho caso cuando una amiga me dijo que no viviera sola, que no fuera tonta y que conviviera con otros estudiantes, quizás así, supongo que no me sentiría tan sola y no me sentiría tan sumamente frustrada con la mierda de los créditos y las clases, que me están dando bastantes problemas. Pero bueno, supongo que esto no es más que mi castigo, aquel que en su momento dije que tendría por no ayudar a alguien cuando lo necesitó. Y si esto es así, pues bien, castigo aceptado y lección aprendida. 

jueves, 8 de septiembre de 2011

El viaje, segunda parte.

Cuando llegamos a Bruselas, estaba lloviendo y hacía frío, es un cambio  de tiempo muy drástico, creo que me he resfriado o algo. Una vez allí tuvimos que buscar el lugar donde estaban las maletas. Se nos hizo eterno llegar allí. Estos belgas están fatal, las cintas están a tomar por saco y las únicas indicaciones legibles eran unos dibujos que desaparecían de vez en cuando. Yo creo que al menos 10 minutos tardamos en llegar. Y después de todo, encontré mi maleta.

Lo mejor venía ahora. Ir a Lieja. Allí nos encontramos con varios Erasmus, pero una concretamente una chica, llamémosla Paula, porque no sabíamos su nombre, que también tenía que hacer un viaje en tren para llegar a su ciudad. Sabíamos que la estación de trenes estaba en el sótano, pero después de la experiencia con los símbolos y las maletas yo ya me temía lo peor. Pero para nuestra sorpresa fue mucho más fácil y rápido llegar a la estación. Y allí compramos los billetes. Gracias a Marc y su excelente Francés, supimos que al parecer la única forma de llegar a Lieja era yendo a Bruselas norte y luego a Lieja, lo que suponía dos horas más de viaje. También le dijo que había un tren que salía en dos minutos y que era el nuestro. Creo que nunca me pesó tanto la maleta. Al final lo perdimos. Pero como en los billetes no ponen el horario, puedes coger el tren que quieras y al final eso hicimos. Nos montamos los tres en un cercanías que nos llevó a Leuven y ya ya de allí a la cuidad que nos correspondía. No tardamos mucho en llegar a Lieja, unos 30 ó 45 minutos, pero fue yo creo, el tramo de viaje más largo, pero el más bonito, teniendo en cuenta que también fue el único que vi.

Todo lo que veías era verde y las típicas casitas con el tejado a dos aguas y de pizarra que en España si acaso las puedes ver por el norte. Me recordaba a la casa de Charlie en la película de Tim Burton, Charlie and the chocolate Factory, sólo que sin huecos en el techo ni las paredes. Eran las casas típicas de película, con las fachadas de ladrillo visto y cada fachada de cada casa de un color, por no decir que la lluvia, y el cielo nublado le daba al ambiente un aspecto muy timbartiano, casi tormentoso, pero precioso.

Cuando llegamos a Lieja, nos bajamos en la estación de Guillemins, la principal de la ciudad y diseñada por Calatrava. Estando allí me asusté un poco al meter la mano en mi bolsillo porque me faltaba dinero, de cuando compramos el billete de tren. Imaginé que se me debió caer algún billete al suelo. En ese momento Marc me dijo, ¿no lo habrás guardado en algún otro sitio? Entonces recordé que lo guardé en la cartera. El muchacho se rió de mi en mi cara. Llevaba todo el viaje diciéndole que yo era un desastre, creo que en ese momento se dio cuenta. Después de eso recordé que se suponía que al llegar tenía que encontrarme con mi casero, que el hombre dijo que me recogería y me llevaría a mi piso. Pero como por alguna razón no tengo línea, decidí ir con Marc al albergue juvenil del centro y llamar desde allí. Entre una cosa y otra, tardé hora y media en llamarlo y el hombre seguía en la estación. Marc le tuvo que explicar lo que pasó y vino allí a por mí. Es muy simpático e incluso se ofreció a ayudar a Marc a buscar piso si tenía que ir muy lejos ya que tiene coche. Durante esa hora y media, vimos a un pobre hombre vomitar en una parada de autobús y como alguna gente se reía, supimos que los autobuses no hacen el recorrido entero, si no que un autobús hace una mitad y otro la otra mitad, así que no puedes tirar el tiquet. Y además estando en la puerta del albergue esperando a Marc, un tipo intentó ligar conmigo. Quería que fuera con él a su casa para que yo llamara por teléfono, pero yo le decía que no, que me quedaba donde estaba, no me entendió, así que la cara de póquer que puso cuando vio que me iba con Marc fue algo. Pobrecito. Y al lugar al que fuimos a llamar, era el típico sitio este en el que puedes llamar a cualquier parte del planeta, es que no recuerdo como se llama, y el dependiente me hacía ojitos. Hasta Marc se dio cuenta. Yo creo que es algo.

Y bueno, al final, mi casero llego y me llevó al piso, que está a tomar por saco, donde Cristo perdió los clavos, el mechero y todo lo que pudo perder. Y ya ahora lo que toca es aprender, sobre todo el idioma. Es complicado intentar hablar con tu casero si no tienes ni zorra de francés. Así que, lo que me espera ahora va ser algo complicado.